En el marco de las actividades programadas por el centenario de la Escuela Normal “Abraham Lincoln”, el miércoles por la mañana se inauguró un monolito en el Cementerio municipal, conmemorando a docentes y alumnos fallecidos desde 1910 a 2010.
Durante el emotivo acto hizo uso de la palabra Alberto Ghiorzi, mientras que Fabián Escudeiro fue el encargado de descubrir la placa.
A su turno, la profesora Cristina Pannunzio leyó una poesía, que se la regaló a Vilma Bernard, quien depositó un ramo de flores en el lugar. Luego, un grupo de profesores colocó una palma.
Poesía
Borges propone la posibilidad de considerar la eternidad como una “especie de dimensión inmanente análoga a la que los teólogos han definido como “la simultánea y lúcida posesión de todos los instantes del tiempo. Porque la inmortalidad está en la memoria de los otros.Alguien dijo que la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados. Nada más cierto, porque ella es una hoguera plural que los hombres encienden en sus pechos y arde más allá de toda tempestad y de todas las trampas que nos teje el tiempo.
Sin memoria no existe identidad.
Y por ella sobornamos la acechanza de la muerte y erigimos un territorio incorruptible que nos preserva de la fragilidad de la vida.
Nuestros muertos no mueren. Nadie se ha ido. Este rito de amor que nos reúne resucita sus pasos y en cada uno de nosotros vuelven fugaces rostros, voces antiguas, un ir detrás de nada y tener todo, un verso que se niega a ser olvidado, un cielo que alegró nuestra adolescencia , risas de niños por las galerías, fatigados guardapolvos, encuentros y desencuentros, el eco de llegadas y salidas, los amados guardianes de nuestras puertas, la lluvia vista a través de las largas cortinas, la fe y la duda , el pavor de volar, el inquietante silencio de la biblioteca.
Vuelven. Vuelven y están ya aquí entre nosotros todos ellos. Vuelven también los jóvenes de quienes la dictadura nos arrebató sus cuerpos en una época voraz y asesina en la que se enseñoreó la complicidad ante el crimen y en la cual era delito hablar de los derechos del hombre, aunque callarlos significara condenar a miles a la tortura y la desaparición, figura siniestra que alimentó en los familiares la eterna esperanza.
Sí, ellos están aquí también. Porque esto es una escuela: todo. Pasado, presente y lo que vendrá. Porque, señores, la memoria no descansa.
Porque es capaz de penetrar la noche con su incansable vocación de arena.Y nos dice con su cósmica melodía que no hay final posible. Nos dice que la historia desconoce el olvido. Nos dice que el adiós es un exceso que le ha sido vedado a los humanos.
Cristina Pannunzio












